jueves, 19 de noviembre de 2009

APOLO



Leto, la hija de los Titanes Ceo y Febe, que se convirtió en amante de Zeus, fue expulsada del Olimpo por la celosa Hera, quien hizo que la persiguiera la serpiente Pitón, serpiente que Hera había creado. Leto estaba en cinta, no consiguió un lugar donde quedarse por que Gea se había confabulado con Hera. Anduvo errante por mucho tiempo. Pero Poseidón, compadecido, hizo surgir de las aguas una isla flotante para ella. En está isla, debajo de una palmera y ruidos que distrajesen a Hera, parió primero a Artemisa, y luego, Apolo.
Zeus agradecido determinó que la isla fuese centro del mundo griego y le dio el nombre de Delos (Isla Brillante). Las Ninfas bañaron a Apolo en las aguas de Temis, la diosa de la justicia lo cuido en su infancia alimentándolo con néctar y ambrosía. A los cinco días de nacer Hefestos le obsequió unas flechas mágicas que forjó con sus fraguas, con ellas el rubio Apolo dio muerte a la Pitón. Esta hazaña hizo que Zeus lo reconociera como su hijo, merecer un Sital en el grupo de los dioses mayores y reinar sobre la luz.
Al terminar la guerra con los Titanes, Apolo conquisto gran preeminencia venciendo al veloz Hermes en agilidad, y al guerrero Ares en fuerza.
El ostentaba el tipo ideal de belleza masculina, muy admirado por los griegos. Dios de la juventud y la luz, fue también patrono de la poesía y de la música. Su cohorte, en el monte Parnació, incluyó las Musas, quienes deleitaban a los dioses del Olimpo con la flauta y la Lira. Aquellos que caían en desgracia de desagradarle al dios, morían por sus flechas. No toleraba el asomo de la critica, ni rivalidad, prolongaba la vida de sus favoritos, como con Admito, rey de Feres, en Tesalia, a quien ayudo a ganar la mano de Alcestes, unciendo a un jabalí y a un león. Cultivaba plantas medicinales y enseñó a su hijo Asclepios el empleo de hierbas y uso de pociones para curar las peores enfermedades.
No acentuó mucho interés entre las mortales, a pesar de su belleza, su voz, y su singular porte. Tuvo amores pasajeros, se enamoró de Coronis y la hizo madre de su hijo Asclepios. El padre de Coronis, Flegios, se vengo por el agravio, y prendió fuego a un templo dedicado a Apolo, Zeus en respuesta, lo arrojo al Infierno, lo amarró y puso una piedra suspendida sobre su cabeza que era una constante amenaza de morir aplastado.
En contra de su amada cometió un trágico error, un cuervo, entonces blanco, le hizo creer que Coronis le era infiel, Apolo le creyó y cegado por los celos la mató a flechazos, arrancando luego de sus entrañas a Asclepios. Al descubrir el engaño, convirtió al cuervo de color blanco a negro, y lo volvió carroñero por la eternidad, para lavar su propia culpa, convirtió a la inocente y fiel Coronis en corneja.
A su hijo le transmitió su ciencia medica, y gracias a ello disminuyeron la muertes, esto alarmo mucho a Hades, que se quejo con Zeus, pero el quería comprobarlo y así fue, lo comprobó con Hipólito, hijo de Teseo, quien después de muerto revivió por Apolo. Esto indigno a Zeus, extermino a Hipólito con un rayo, Apolo se sintió imponente, no podía vengarse, entonces fue a la isla donde los cíclopes forjaban los rayos y mato a cuantos pudo a flechazos.
Zeus, por su acción lo expulso del cielo, y tuvo que descender a la tierra y ganarse la vida. Primero, pastor de rebaño (en Tesalia), hasta que Hermes le robo sus reces, pero lo intercambió por la Lira que el le obsequio, después ayudo a Poseidón en la construcción de los muros que rodeaban la ciudad de Troya. Desafió a Eros (Cupido) con sus flechas, pero Eros saco de su carcaj dos flechas una que infundía el amor y la otra el odio, la primera se la disparo a Apolo, y la segunda a la ninfa Dafne, Apolo se enamoro de la ninfa, pero ella corrió rechazando al dios, Apolo la persiguió y estuvo a punto de atraparla, pero ella imploro auxilio a las diosas, quienes por su oración la transformaron en un lozano de laurel, Apolo en su recuerdo se consagro al árbol, de una rama se tejió una corona, y dispuso que en el futuro los poetas serian premiados con una corona igual.
Poco después se enamoro de Clicia, pero al conocer a su hermana Leucotea, se prendió de ella, y para amarla tomo aspecto de su madre, Eurínome. Clicia, al enterarse descubrió a Leucotea frente a su padre, el cual la mando a enterrar viva, Apolo al o poder revivirla la convirtió en el árbol del incienso. Clicia, no pudo reconquistar a Apolo, se dejo morir de hambre tendida en el suelo, y mirando al sol, pero Apolo conmovido la convirtió en girasol.
Requirió a Casandra, hija de Príamo, ella deseo poseer el don de profetizar y así fue, pero ella luego se negó a brindarle sus favores por lo que el dios hizo que nadie le creyera y se gano la fama de loca.
Quiso cultivar la mistad, el primero fue Jacinto, amigo de Céfiro, quien envidioso un día desvío el disco del dios Apolo mientras jugaba con Jacinto causándole la muerte, Apolo no pudo resucitarlo, y lo transformo en la flor que lleva su nombre. Le siguió la amistad de Cipariso, pero un día Apolo le obsequio una jabalina, y este por error mato a un ciervo muy querido por el dios Apolo, esto hizo que Cipariso deseara la muerte y Apolo lo transformó en ciprés, emblema de dolor y compañero de los compañeros afligidos.
Volvió luego al amor de las mujeres, y tuvo innumerables uniones de las que nacieron muchos hijos, fatigado por los sinsabores, dio arrepentimiento y prometió no sacar ventajas de sus privilegios divinos. Apolo solía ser representado como un joven sin barba, por que el sol nunca envejece, su arco y flecha simbolizaban los rayos, su lira la armonía celestial, y su escudo la protección que otorgaba a los hombre, se le llamo también dios de la medicina, ya que sin el sol no nacen plantas.
Este dios, subido en su carro, descendía todos los días del cielo al mar, y todas las mañanas su hija Aurora abría las puertas del oriente, en esos momentos, la Horas del sol volvían a poner los caballos a su coche, para que el rubio Apolo, montado en él, comenzara de nuevo su carrera.

jueves, 12 de noviembre de 2009

ARTEMISA

Hija de Zeus y Leto, hermana gemela de Apolo. Obtuvo permiso de su divino padre para no casarse nunca, y Zeus la convirtió en la reina de los bosques y diosa de la caza. Pese a su condición virginal es considerada como la protectora de las parturientas, también ejerce su domino absoluto en los ríos, lagos, fuentes y pantanos. Eximia cazadora de los pies rosados, recorre permanentemente los bosques armada de arco y flechas; en compañía de perros, fieras y ninfas de las montañas. En la comitiva Artemisa estaba Orión, un joven cazador, hermoso como el Sol, de colosal estatura y con espaldas bronceadas y musculosas. Artemisa confiaba en Orión, dirigía sus flechas contra cualquier fiera, segura que de ser atacada seria defendida y salvada por él.
Artemisa e enamoró de Orión, estaba casi decidida a se su esposa, pero sucedió una desgracia. Cierto día Artemisa estaba apostando con su hermano Apolo, sobre quien apuntaba mejor con su arco hacia un punto negro que sobresalía en el horizonte del océano. El tiro de Apolo no fue certero, pero Artemisa lo atravesó con su flecha. Poco después las olas depositaron en la playa el cuerpo inerte de Orión. Ese punto lejano al cual habían apuntado los dioses era la cabeza de Orión, que cansado de la caza se refrescó en mar adentro. Artemisa se encontraba en una absoluta tristeza, no teniendo más lágrimas que derramar, ascendió al Olimpo a pedir a Zeus que su prometido permaneciera inmortal a su lado, Zeus conmovido por lo sucedido transformó a Orión en una constelación. En las noches claras cuando todo era callado, se oye ladrar a una jauría de perros en el cielo, que son los canes de Orión, cuya aparición en el firmamento es anunciada por terribles tormentas. Artemisa ilumina amorosamente el universo con una antorcha ardiente que empalidece a las estrellas que centellan en el universo.
Debido a lo sucedido Artemisa se interno aún más en los bosques y se alejó lo más que pudo de los hombres, donde daba muerte a quien se atrevía a violar su soledad. Fue muy solitaria, cuando Apolo bajaba de su carro dorado y encerraba a sus caballos en los establos, la diosa se bañaba en las fuentes para luego pasearse por los cielos nocturnos con un traje blanco, alumbrando con su antorcha la bóveda celeste y el camino de su amado Orión.
Una noche Artemisa se refrescaba en una cascada de aguas cristalinas, y Acteón, un joven cazador, paseaba por ahí, cansado se adentró en la cascada sin saber que Artemisa y su cohorte de ninfas estaban ahí tomando un baño. La visión que tuvo el joven lo paralizó, y no se apartó del lugar, al ser descubierto las ninfa se alejaron, Artemisa quizó tirarle un flechazo pero las flechas quedaban en el agua, al no herirlo, tomo una porción de agua entre sus manos y se la lanzó al rostro.
Al recibir el agua Acteón se convirtió en ciervo, al ser desconocido por los perros de caza, fue atacado y despedazado, esto entristeció a la diosa, refugiandose en la soledad y permaneciendo casta por la eternidad.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

ATENEA

Diosa de la sabiduría, Zeus con unos dolores incontrolables de cabeza mando a Hermes en busca de Hefestos, y este al llegar le abrió el cráneo con su hacha, y a los instantes salió la diosa la diosa Atenea de la hendidura de la cabeza divina. Un casco de oro relucía en su testa, y su cuerpo estaba cubierto por una espléndida armadura de guerra.
Al salir, dio un grito de alegría y se puso a danzar. Los dioses, anonadados por su belleza permanecieron cautivos por el baile guerrero que la nueva diosa acababa de inaugurar.
Desde el instante de su nacimiento fue la hija favorita de Zeus y reconocida por todos como la diosa de la sabiduría. Como tal, inventó la escritura, la pintura y el bordado, que a su vez enseñó a la humanidad. Disfrutaba de la música, y apadrinaba a sabios y artistas.
Gozaba además de otras atribuciones: así, disponía del rayo y de la vida de los mortales, prolongándoles la vida y deparándoles, después de muertos, venturosas fortunas. Era diestra en el manejo de las armas, portaba siempre la lanza y cubría su pecho con una coraza hecha de la piel de la cabra Amaltea.
Poseía el escudo de las Gorgonas , que resistía al mismo rayo de Zeus. Su ave favorita era la lechuza y su árbol sagrado, el olivo. Protegió a los héroes Aquiles, Diómedes, Ulises y Agamenón en la guerra de Troya.
Atenea había hecho votos de castidad perpetua, pero no pudo impedir que Hefestos se enamorara de ella. Un día, Hefestos la persiguió y, pese a su cojera, le dio alcance en la Acrópolis; Hefestos la estrecho con desesperada pasión entre sus brazos y le mojó la pierna. Atenea, asqueada, se secó con un pedazo de lana que luego arrojó al suelo, y ahí mismo la tierra quedó fecundada y dio a luz a Erictonio, a quien la diosa recogió y consideró como a su hijo.
Sostuvo una irreconciliable enemistad con Poseidón, dios de los mares, por que ambos querían imponer su nombre a la ciudad que Cécrope, hijo de Hefestos, acababa de construir.
Los dioses pusieron fin a esta disputa, disponiendo que la ciudad llevaría el nombre de quien creara aquello que fuera más beneficioso para sus habitantes. Poseidón, con un poderoso golpe de su tridente, hizo brotar un caballo del fondo de la tierra. Atenea, en cambio, hizo surgir un árbol de olivo. Luego de gran razonamiento, los dioses llegaron a la conclusión de que el caballo representaba a la guerra tanto que el árbol de olivo a la paz, y decidieron que la nueva ciudad se llamaría Atenas.
Atenea fue una de las deidades que participaron en la disputa de la manzana de la discordia, evento en el que Paris príncipe de Troya fue juez. Atenea en su deseo de salir victoriosa se le insinuó amorosamente, pero Paris se inclinó por Afrodita, ganandose el odio de la diosa, por eso se puso del lado de los griegos en la batalla de Troya.
Otra víctima de sus celos fue Medusa, una de las tres gorgonas, nieta de Poseidón. Medusa era la criatura más bella, con sus cabellos dorados, la dulzura de sus ojos y la blancura de su cuerpo eran admiración de sus numerosos pretendientes. Halagada, creyó ser más bella que Atenea, quien ofendida transformo sus cabellos dorados en serpientes , cubrió su cuerpo de escamas, sus ojos y dientes fueron reducidos a uno solo, que usaba alternativamente con sus otras dos hermanas, y sus manos tan terzas fueron convertidas en dos garras de hierro. Su figura resultó tan horrorosa que todo aquel que la miraba moría o quedaba petrificado.
Pero sus celos no solamente eran sobre su belleza sin también como patrona de las actividades artesanales, especialmente femeninas, tales como el arte d hilar, tejer y bordar, no soportaba ser igualada por nadie.
Una de sus victimas fue una eximía y famosa bordadora que vivía en Colofón, llamada Aracne, cuyos trabajos eran admirados por la gente que acudía de diversos lugares. Atenea la retó a que hiciera un bordado para ver cuál resulta mejor.
Aracne hizo un bordado en que aparecían representadas las aventuras amorosas de Zeus, padre de Atenea, su trabajo era tan maravillosos y perfecto, que casi superaba al de la diosa Atenea, enojada hizo pedazos el bordado de Aracne y la golpeó, que ofendida se colgó para ahorcarse.
Movida por la compasión, la diosa la convirtió en araña antes de morir. Desde aquel día Aracne conserva su pasión por el hilado y el tejido en la espesura de los bosques y en todos los rincones más tranquilos de la tierra.
Al nombre "Atenea" algunos le anteponen "Palas", esto se debe a que fue huésped del dios Tritón, que vivía acompañada de su hija Palas. Las dos jóvenes se ejercitaban en las artes guerreras; pero Atenea sin desearlo la hirió mortalmente y aquella joven murió. Para enmendar la desgracia, tomó el nombre de la joven muerta.

viernes, 6 de noviembre de 2009

HERA

Hija de Cronos y Rea, criada en los confines de la tierra, durante la guerra que sostuvo Zeus con los Titanes. Su ave favorita era el pavo real y tenía por mensajera a Iris, la diosa del arco iris.
Su belleza era incomparable, tenía ojos azules como el cielo, los cabellos dorados como el atardecer de sol y todo su porte era majestuoso y elegante.
Vivía a las orillas floridas de la isla de Eubea, donde todas las mañanas paseaba acompañada de una anciana. Una mañana fría, la anciana se sintió enferma y la diosa tuvo que salir sola . Caminó un buen rato y, mientras descansaba, fue a posarse en su hombro un cuclillo aterido y casi moribundo por el frío.
Hera lo acarició y como el ave parecía reanimarse al contacto de su mano, lo acercó a su pecho.
El cuclillo, al reanimarse, se convirtió en un joven apuesto de barba dorada, que no era sino el dios Zeus, rey del Olimpo. La requirió amorosamente, pero Hera no cedió sino hasta que le prometiera hacerla su esposa legítima.
El matrimonio se realizó en el jardín de las Hespérides, con un brillo que jamás podría repetirse. La tierra se cubrió enteramente de rosas multicolores, los manantiales destilaron ambrosía y los árboles llenos de fragancia se doblaron en señal de sumisión y reverencia. De esta unión nacieron Ares, Ilitía y Hebe.
Hera es la diosa de los matrimonios legítimos. Siempre fue enemiga de las infidelidades de su esposo, así como de los hijos bastardos de este. Se dice que en un arranque de celos procreó ella sola, sin intervención de Zeus, a su cuarto hijo, Hefestos.
En otra ocasión, harta de las frecuentes aventuras amorosas de su marido, abandonó el Olimpo, y en su carroza de oro se trasladó a las orillas de su florida isla de Eubea.
Zeus, desesperado por reconquistarla, aconsejado por el astuto rey de Beocia, simuló un falso matrimonio. Subido en su fastuoso carro, en compañía de una ninfa enteramente velada, empezó a recorrer las comarcas, mientras un heraldo propalaba por los campos y ciudades la noticia de que el soberano del Olimpo había elegido una nueva esposa. Hera, sin poder resistir por más tiempo los celos que tal acto le causaban, se lanzó sobre el carro y agredió a la ninfa, cuyos pelos y ropa desgarró; pero pronto se dio cuenta del engaño, pues la ninfa era solo una figura de madera. Desarmada, pero contenta, comprendió que Zeus la amaba y retornó con él al Olimpo.
El bastardo que más sufrió la furia de Hera fue Heracles o Hercules. Por designio, Heracles y Euristeo, este último futuro rey de Micenas, debían nacer con poco tiempo de diferencia; el primero en nacer sometería a su voluntad al que naciera después. Heracles nació con dos meses de retraso y como tal fue convertido en ciervo de Euristeo, a quien sirvió por doce años.
Algunas veces, Zeus castigó a Hera por sus excesos. Así, cuando Heracles regresaba a Grecia, luego de haber participado en la toma de Troya, la diosa envió una gran tormenta contra el navío que lo conducía, haciéndolo pasar grave peligro. Por esto, Zeus le aplicó un castigo curioso: la colgó del Olimpo con un yunque atado a cada pie.
Hera guardo gran resentimiento contra Troya debido a la decisión de Paris, hijo de Príamo, en la célebre disputa por la "manzana de oro" (la manzana de la discordia), en la que actuó como juez favoreciendo a Afrodita. Esto motivó que durante la guerra contra aquella ciudad tomara partido en favor d los aqueos (Griegos), protegiendo a Aquiles y otorgando la inmortalidad a Menelao.
Quien también sufrió mucho por los celos de Hera fue Ío, hija de Ínaco, la virgen amada de Zeus. Ante el acecho de su esposa, Zeus, sabiéndose culpable, transformó a Ío en una apacible ternera, quien por orden de Hera fue confiada a Argos, el pastor de cien ojos, quien dormía solo con cincuenta de ellos, mientras los otros cincuenta hacían vigilia.
Zeus, irritado, envió a Hermes, quien con su flauta durmió al monstruo y le cortó la cabeza con un golpe de su vara mágica.
Hera para inmortalizar a Argos, adornó con sus cien ojos la cola del pavo real. Pero Ío no fue liberada y por el contrario fue blanco del castigo de la terrible diosa, quien la condenó a correr frenéticamente por el mundo, sintiendo la picadura eterna de un tábano adherido a su flanco, hasta que, enloqueciera, y sin poder soportar tanto sufrimiento, se suicidó.

ZEUS

El más grande de los dioses, hijo de Cronos y Rea. Su dominio propio es el aire. Pero no solo es el soberano de los cielos, sino también de la tierra. Es el todopoderoso del mundo físico, y como tal, regula los fenómenos atmosféricos y el cambio de las estaciones. En la vida social se comporta como un dios vigilante, pues su voluntad es limitada por las leyes inmutables del Destino y, como tal, su papel es dar a conocer y hacer respetar esas leyes. Sus decisiones no son arbitrarias o dictadas por la pasión. Para los mortales es el dispensador del bien y el mal. Aparece siempre portando su arma característica, el rayo, y su ave favorita, el águila. Fue un dios marcado por las apetencias eróticas; y se unió, en sucesivos matrimonios, a varias diosas; y otras veces; realizó aventuras amorosas con mujeres mortales, procreando así gran número de hijos, estos eran dioses si provenían de madres divinas, y semidioses si eran de madres mortales. Zeus se unió en primeras nupcias a Metis. Esta unión acabó mal. Urano y Gea le revelaron que el primer hijo que le daría Metis sería sabio y valiente; pero el segundo, de carácter violento, intentaría destronarlo. Para impedir la predicción, Zeus se tragó a Metis, que esperaba a su primer hijo. Pasando el tiempo, ella debía alumbrar, Zeus empezó a sentir irresistibles dolores de cabeza, viéndose obligado a llamar a Hefestos, a quién pidió que de un tajo le abriera el cráneo con su hacha. Hefestos así lo hizo y de la hendidura de la cabeza divina salió una bellísima mujer, enteramente armada. Fue Atenea, diosa de la sabiduría y de la guerra. Su segunda esposa fue la titánida Temis (Ley o Equidad). De está unión nacieron: Disciplina (Eunomia), Justicia (Dike), Paz (Irene) y las Moiras (Parcas), deidades del Infierno que regían la vida y a muerte de los seres humanos. La tercera esposa fue la oceánida Eurínome, con quien procreó a las tres Cárites, divinidades de la belleza. Seguidamente se unió a su hermana Deméter y dieron vida a Perséfone o Proserpina. Luego desposó a Mnemósina (Memoria), con quien tuvo nueve hijas, llamadas las Musas, diosas de las artes y de las ciencias: Calíope (Elocuencia), Clío (Historia), Euterpe (Música), Talía (Comedia), Melpómene (Tragedia), Terpsícore (Danza), Erato (Elegía), Polimnia (Poesía Lírica) y Urania (Astronomía). Luego con Leto, la protectora de Troya e hija de Titanes, de quien nacieron Artemisa y Apolo; y de su unión con Maya, hija de Atlas, nació Hermes. Su última unión nupcial fue con su hermana Hera. A este matrimonio asistieron todos los dioses, hombres y animales, que fueron convocados por Hermes, quien les llevó el mensaje. Como regalo de bodas, Gea obsequió a la novia el fabuloso árbol de las manzanas de oro, cuyo cuidado y custodia fue confiada a las Hespérides, quienes eran las tres hijas de Atlas. De todos los invitados, solo una joven llamada Quelonea dejó de asistir desairando la fiesta por lo que, en castigo, fue transformada en tortuga y arrojada a un río, ordenándole, además, llevar por siempre su casa a cuestas y ser símbolo del silencio. Las uniones de Zeus con mujeres mortales fueron innumerables. Para seducirlas realizó diversas transformaciones. Para conquistar a la hermosa Alcmena, esposa de Anfitrión, el rey de Tirinto famoso por la esplendidez de sus banquetes, tomó el lugar de su esposo y se introdujo en su palacio, de esta unión nació Heracles o Hércules. Para alcanzar el amor de Dánae, hija del rey de Argos que vivía enclaustrada por orden de sus padre en una torre de bronce, se transformó en una lluvia de oro y con ella procreó a Perseo, también, cuando Europa, hija del rey de Fenecía, jugaba con sus compañeras en una playa florida, Zeus se le presentó convertido en un imponente y pacífico toro de deslumbrante blancura. Europa, fascinada, se montó sobre él, y el toro encaminó raudo a una isla de Grecia donde en ignorantes amores concebieron a Minos, Radamanto y Sarpedón. Entre otros descendientes de Zeus se cuenta a Áyax y Aquiles, héroes griegos que pelearon contra Troya. Con Sémele, hija del rey de Tebas, procreó a Dionisios, dios del vino. Sus amores con Leda, esposa de Tíndaro, rey legendario de Esparta, fueron menos dramáticos. Para acercársele se transformó en un cisne de rediante belleza y de esta unión nacieron dos parejas, que vinieron en dos huevos. De uno de los huevos nacieron Pólux y Clitemnestra; y de el otro, Cástor y Helena. Zeus es el dios que restablece el orden siempre, interviniendo como árbitro entre los dioses, y castigando a los grandes criminales como Ixión y Tántalo.

EL DIOS DEL TIEMPO: CRONOS

Cronos, dios del Tiempo, se amancebó con su hermana Rea y procrearon seis hijos: Hestia, Deméter, Hera, Hades, Poseidón y Zeus. Una maldición pesaba sobre él, por no haber liberado a sus hermanos, los Cíclopes y los Gigantes de cien brazos, tal como pactó con su madre Gea, antes de vencer a Urano.
Gea le profetizó, que tal como su padre, sería destruido por sus propios hijos.
Temeroso del cumplimiento de esta profecía, Cronos devoraba a sus hijos tan pronto nacían.
Pero cuando nació el pequeño Zeus el sexto hijo, Rea, hastiada del cruel Cronos, en complicidad con Gea, libró al pequeño del destino que habían tenido sus cinco hermanos.
La noche era muy oscura, Rea envolvió una piedra con pañales y la llevó ante el dios. Este, semidormido, engullo al supuesto niño.
Rea cogió a su pequeño hijo, descendió del Olimpo y caminó hasta un hermoso valle de la isla de Creta, y en el agua que brotó de una roca, bañó a la criatura. Luego, la llevó a su gruta y lo dejó al cuidado de las Ninfas. Allí Zeus creció alimentándose de miel que las abejas preparaban para él y de la ambrosía que las palomas le traían de países ignotos.
La cabra Amaltea lo amamantó con ternura, y ambos jugaban, persiguiendose en las verdes praderas. Los Curetes (semidioses), danzando sin descanso y haciendo chocar sus armas día y noche, se encargaron de que Cronos no escuchara los gritos del niño.
Al llegar a la juventud, habiéndose desarrollado en fuerza e inteligencia, Zeus fue requerido por el Destino y ascendió a los cielos del Olimpo.
Zeus tenía por compañera a Metis (Prudencia), quien le entregó una pócima, la que de ser bebida por Cronos, haría que vomitara a los hermanos de Zeus.
Así, reforzado por sus hermanos, Zeus atacó a Cronos y a sus aliados Titanes, y sostuvo una feroz batalla que duró diez años.
Gea, hizo pacto con Zeus, prometiéndole la victoria a cambio de la libertad de sus hijos que se encontraban prisioneros en las profundidades tenebrosas de la tierra, en el Infierno.
Zeus aceptó, y liberó a los Cíclopes y a los Gigantes de cien brazos. Venció a Cronos y lo envió juntamente con los Titanes al Infierno en los más profundo de la Tierra.
Durante la lucha contra Cronos y los Titanes, los Monstruos liberados habían dado a los jóvenes dioses armas poderosas que más tarde habrían de figurar entre sus principales atributos.
A Zeus le otorgaron el trueno, el rayo y el relámpago. A Hades, hermano de Zeus, le dieron un casco magnifico que lo hacía invisible a los ojos humanos y divinos; a Poseidón, un tridente mágico cuyo golpe era capaz de trastornar al mar y la tierra desde sus cimientos.
Luego de la victoria, los dioses se distribuyeron el universo para gobernarlo. Zeus reinaría en el mundo de arriba, los cielos; Hades, en el mundo de abajo, en las profundidades, conocido como el Infierno; y Poseidón se convirtió en el rey y señor de los mares.

EL PRINCIPIO: LA HISTORIA DE CAOS

Abarca a tiempos remotos, el Caos era la insoluble y profundo donde andaban revueltos todos los elementos que conforman el universo infinito: el agua, la tierra, el aire, el fuego. Pero el caos no solo antecedió a la existencia de todas esas partes del universo, sino que también a la de los mismo dioses. Por eso, se le considera como el más antiguo de ellos. Dentro de él, nada era seguro; lo único permanente era el cambio, y, en el interior de un mismo cuerpo había elementos contradictorios: los húmedos contra los secos; los blandos contra los duros; los pesados contra los ligeros; los helados contra los abrazadores. El Caos, pues fue la fuente de creación. De él nacieron la Tierra, el infierno y la Noche, conocidos como con los nombres de Gea, Tártaro y Nyx. De estas tres deidades, fue Gea, la diosa de la Tierra, quien obtuvo una absoluta preeminencia. En un primer momento engendró en su seno el Cielo(Urano), las Montañas y el Mar. Luego se casó con su hijo Urano y juntos fundaron la primera dinastía de los dioses. De ellos nacieron doce hijos que constituyeron doce grupos. El primero, el de los Titanes, al que pertenecieron: Océano, Ceo, Críos, Hiparión, Jápeto y Cronos. El segundo, el de las Titánidas, Integrado por: Rea, Temis, Mnemósina, Febe, Tetis, y Tía.Asimismo dieron vida a los Cíclopes, quienes eran seres de un solo ojo en la frente, y a los Gigantes de cien brazos, quienes constituían una progenie monstruosa, por lo que Urano, los envió al fondo de la tierra. Gea, hastiada de la fecundidad que le imponía Urano, se llenó de cólera. Y solo entonces, en secreto, pidió a sus hijos mayores que le ayudaran a matar a su padre. Únicamente Cronos (El Tiempo)aceptó y Gea le dio una hoz dentada de acero diamantado, para que la usara contra Urano cuando este se acercara a ella. Aprovechando que día a día Urano llegaba trayendo la noche, estaba cansado, Cronos se le acercó sigilosamente, le cortó los testículos , y los arrojó al espacio.De la sangre que cayó sobre la tierra nacieron las Erinias, los Gigantes auto fecundados (mitad hombres y mitad serpientes) y las Ninfas de las montañas. De la sangre con semen que cayó al mar se genero una bella doncella Afrodita (Espuma), de extraordinaria sensualidad. Así, Cronos, el más joven de los Titanes, suplantó a su padre y fundo la segunda dinastía de los dioses, que trajo emparejada la edad de oro y la era de la perfección, quedándose como el soberano de un mundo que empezaba a formarse.Sin embargo,la Noche (Nyx) engendró a otras deidades: La Suerte (Hados), El Destino (Kere), La Muerte (Thánatos), el Sueño (Hipnos)), el Ensueño (Morfeo); también al Sarcasmo (Momo), al Dolor (Algos), al Guardián de la moral (Némesis) y a otras divinidades crueles: el Engaño (Apaté), la Vajez (Geros) y la Discordia (Eris). Está última, a su vez, engendró a otros dioses: La Calamidad, el Olvido, el Hambre, los Crímenes, los Desastres y el Juramento en Vano, la peor de las calamidades. Así, el mundo se preparaba para acoger a los hombres, reservándoles mil sufrimientos.
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